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Trotamundos.
Viajar no es tan sólo moverse en el espacio. Más que eso, es acomodar el espíritu, predisponer el alma y aprender de nuevo. Ortega y Gasset

África será siempre la de la época de los mapas de la era victoriana, el inexplorado continente vacío con la forma de un corazón humano

Graham Greene

La web para los que viajan sin prisa
África en el Corazón

Lago Naivasha

Una mirada equivocada al reloj en la mañana me hace levantar una hora antes de lo previsto, lo que me da la oportunidad de ver amanecer sobre el lago y a los pescadores echar sus redes desde sus frágiles barcas. Después del maravilloso atardecer del día anterior, ver las imponentes acacias africanas recortarse con el sol en el horizonte es lo que podríamos definir como miel sobre hojuelas. Después de esta visión, el desayuno nos parece doblemente delicioso. Vamos a iniciar nuestro último recorrido a un parque natural, con la peculiaridad de que lo haremos andando, sin la protección del camión, porque nos han dicho que en este parque no hay leones, leopardos u otras fieras que pudieran ser un riesgo para nosotros. De todas maneras, al comienzo del recorrido estamos un poco precavidos porque las manadas de cebras, antílopes y ñus que vemos no paran de correr de un lado a otro, y si se produce una estampida que nos pille en el medio no va a haber árbol que nos proteja; después de un rato se nos pasa el miedo porque una vez más los animales nos ignoran totalmente, cuando de repente nos encontramos de frente con un grupo de jirafas a unos 5 metros; el contraste entre nuestra altura y los 6 metros que deben medir las jirafas es tan grande que les debemos parecer ridículos; un bebé que deber tener sólo unos días porque todavía le cuelga el cordón umbilical, tiene ya más de 2 metros de altura. Seguimos nuestro recorrido, salpicado por manadas de gacelas, impalas, antílopes y conejos gigantes que andan dando brincos por toda la pradera. La visión de varias águilas africanas posadas en la copa de los árboles oteando el horizonte con sus cabezas afiladas en busca de alimentos me maravilla. Aún tenemos la oportunidad de ver un hipopótamo que se ha alejado varios cientos de metros del agua, y el guía nos dice que de ninguna manera nos interpongamos entre el agua y el hipopótamo porque es cuando se siente amenazado y una embestida de un animal de 3.000 kg. que además es bastante rápido a pesar de su aspecto no debe ser muy agradable, por lo que dejamos una distancia prudencial entre nosotros y el hipopótamo; para conseguir que las manadas de ñus y cebras se acerquen a nosotros, nos sentamos desperdigados en el suelo, sin hacer ruido ni movimientos bruscos, y entonces los animales se confían y acercan sin precaución a escasos metros. En nuestro retorno al camión aún tenemos la oportunidad de ver varias serpientes por vez primera desde nuestra llegada a África.

De regreso al campamento, pasamos por la casa-museo de Joy Adamson, la autora de las aventuras de Elsa, la famosa leona de "Nacida Libre", que tanto en formato libro como película nos hizo disfrutar en la infancia; la casa está en una ladera que se desliza hacia el lago, rodeada de árboles sobre los que deambulan un grupo de monos peludos bicolores negros y blancos que son muy espectaculares, dando saltos de un árbol a otro. La casa se mantiene exactamente como en vida de Joy, y hasta nos ofrecen un té con pastas muy británico que se nos antoja delicioso en el jardín rodeados de monos saltando entre los árboles y un águila real que, posada en un árbol cercano, escudriña el horizonte.
Nuestra última noche juntos la celebramos en el bar del campamento donde por primera vez en 2 semanas veo una tele encendida que retransmite los juegos olímpicos de Atlanta y habla sobre la bomba que ha explotado allí; también por primera vez en 15 días leo un periódico en el que se cuenta la tragedia del vuelo 800 de la TWA que poco después de despegar de Nueva York con destino París estalló en el aire matando a todos sus pasajeros; realmente el mundo sigue su carrera loca independientemente de nosotros. Me pongo un poco triste porque seguramente no volveré a ver nunca a esta gente con la que he compartido momentos tan especiales y sensaciones tan increíbles. Decido retirarme de la fiesta y apurar la última noche sentado junto al fuego reflexionando.
Por la mañana temprano recogemos el campamento, nos hacemos la primera foto completa del grupo, la situación es graciosa porque le pedimos a un africano que haga la foto para que salga todo el mundo, y el pobre hombre se las tiene que ver con 20 cámaras a sus pies, porque todo el mundo quiere una foto hecha con su cámara, no vaya a ser que la gente luego no las envíe. Después de los 15 minutos que lleva toda la operación nos subimos al camión y comenzamos nuestro último trayecto hasta Nairobi, que cruza el Valle del Rift, una hendidura que atraviesa África de norte a sur y que es perfectamente apreciable en las fotos de satélite. Las montañas que la rodean son muy altas y hace un frío que pela, pero como no queremos cerrar el camión, sacamos ropa de invierno, hasta los sacos de dormir, para abrigarnos. Cuando he enseñado las fotos de este viaje, la gente decía que no parecía que estuviéramos en África, de lo abrigados que íbamos, pero es que el calor es otro de los tópicos de África que no es cierto, en invierno hace frío y en algunas zonas tanto frío como el que pueda hacer en España en invierno.

La llegada a Nairobi a media mañana comienza las despedidas de la gente, parte del grupo se va el mismo día, y otra parte nos vamos a celebrar una cena de despedida en el Carnivore, un restaurante muy famoso de Nairobi del que luego descubriremos el porqué de su nombre. Nos separamos hasta la noche para hacer cosas, y yo la primera que hago es irme al hotel a pegarme un baño, a ser posible de agua muy caliente y espuma, cosa que por suerte puedo hacer; me quito de encima los kilos de polvo acumulados, y descubro que también he perdido unos cuantos kilos de grasa en el viaje, no había pensado en la conveniencia de un viaje de este tipo como régimen de adelgazamiento pero se lo comentaré a mis amigas obsesionadas con el peso que se gastan una fortuna en médicos y pastillas para adelgazar 2 kg. cuando por el mismo coste pueden al mismo tiempo realizar un viaje maravilloso. Después del baño me dirijo a la estación de tren de Nairobi, para comprar un billete del famoso Tren Lunático entre Nairobi y Mombasa, en la costa Índica. Aunque el billete es para dentro de 2 semanas, lo compro ya porque es un recorrido muy solicitado. La estación es un hervidero de gente que entra y sale sin parar, los trenes funcionan con regularidad y se ven complementados con el sistema de transporte más eficaz y flexible del mundo, una miríada de furgonetas de todos los tamaños y número de plazas que desde la estación salen hacia cualquier parte de Kenya en cuanto se llenan y que llevan personas, animales y cualquier bicho viviente que pueda pagar el billete, por otro lado bastante económico.
El resto de la tarde la pasamos recorriendo Nairobi, que tiene un interés bastante escaso; me quedé con muchas ganas de visitar la casa, hoy convertida en museo, de Karen Blixen, la autora de esa obra que a todos nos hizo desear viajar a esta tierra maravillosa, Memorias de África, que amó con todas sus fuerzas y de la que no se pudo desprender en todos los años transcurridos después de su retorno a la gélida Dinamarca. La casa está en uno de los barrios residenciales de Nairobi, llamado Karen en su honor, pero que queda un poco alejado del centro, y nuestra cita en el Carnivore se acerca; negociamos el precio con un taxista que nos promete que luego nos vendrá a buscar, pero nunca más lo veremos. Esperamos en el bar la llegada de la gente que, limpia, peinadita y vestida a la europea, se nos antojan personas diferentes a las que hemos convivido estos 15 días. De camino al comedor vemos unas parrillas enormes donde se cocinan grandes pedazos de carne que cuando nos sentamos en la mesa le dan un sentido pleno al nombre del restaurante, ya que el menú consiste en que puedes comer hasta reventar carne de antílope, cebra, avestruz, cocodrilo, y otras delicias que pondrán a prueba nuestros estómagos. Todas las experiencias son recomendables, excepto el cocodrilo, cuyo sabor es al menos tan desagradable como el aspecto que tiene. La cena transcurre alegremente entre chanzas y bromas sobre el viaje, y a su fin descubrimos que anexo al restaurante hay una discoteca en la que decidimos pasar un rato, y me maravillo de la gente que va llegando, elegantemente vestida, blancas con saris indios preciosos, negras vestidas de Armani, indias vestidas con ropa africana, todos ellos compartiendo sin prejuicios el mismo lugar. Por supuesto el racismo sigue existiendo en África, pero al menos a ciertos niveles económicos parece que la convivencia es bastante armoniosa; la música es casi tan heterogénea como la gente, con sorpresa incluida de "Macarena", que me niego a bailar como exponente del folklore español. Continúa el buen ambiente, y llegada la hora de la despedida, realmente parece como si nos conociéramos desde hace millones de años, tan profundo es el sentimiento que nos causa. Cada uno toma su camino, y a mí me dejan Kate, nuestra guía y Greg, el chófer en el hotel camino de su próxima expedición; con los ojos húmedos probablemente por el polen de las flores, les digo adiós con la mano. Mañana empieza mi nueva aventura..", debo prepararme psicológicamente para ella, pero eso será después de una buena dormida .
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